En la Sagrada Escritura, varías veces, aparece Dios como un alfarero."Alfarero del hombre, en el relato de la creación leemos que Dios hizo el cuerpo del hombre de barro de la tierra.
En el pasaje de hoy, Dios dice a Jeremías que baje al taller del alfarero y observe lo que este hace con el barro y cómo cuando una vasija le sale mal, vuelve a hacer otra , y, pregunta a Jeremías:¿No podré hacer yo con vosotros como el alfarero?.
Pensemos: Dios nos modeló con sus manos, con barro hecho del polvo de la tierra, eso somos, polvo, pero, como afirmó el Papa el miércoles de ceniza de este año "Somos polvo, pero un polvo amado por Dios", en ese polvo, Dios, ha puesto su Ruah, su Espíritu nos ha dado vida , nos ha hecho a su imagen.
Estamos en buenas manos, las manos de Dios que nos quiere moldear a su imagen, solo pide que seamos barro moldeable, que nos dejemos hacer. Confiemos en Él, abrámonos a su amor.
En esta parábola, Jesús, con el símil de la red barredera, nos recuerda, como todos estamos llamados a pertenecer al Reino de Dios, pero, cuando llegue el momento de la entrada definitiva, sólo pasarán a formar parte del mismo, los que han procurado, hacerlo vida, en su paso por este mundo. El cheque de entrada es el Amor y quien no lo lleve, será separado; no tendrá derecho a entrar en el Reino. La suerte final es respuesta de lo que vivimos.
Jesús preguntó a sus discípulos si habían entendido la parábola, ¿La hemos entendido nosotros? Si es así, pensemos como tratamos de vivir sus enseñanzas, o si nos dejamos llevar por el sincretismo que invade hoy nuestra sociedad, en el que: todo vale, todo es igual.
No lo olvidemos, "Al atardecer de la vida, nos examinarán del Amor"