Evangelio del día

Lucas 15, 1-3. 11-32

06 de Marzo de 2010

Primera lectura: Miqueas 7, 14-15. 18-20

Salmo: 102

Evangelio:En aquel tiempo, se acercaba a Jesús los publícanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: "Este recibe a los pecadores y come con ellos".Jesús les dijo entonces esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca'. Y él les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a padecer necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera. Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores'.Enseguida se puso encamino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo'.Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado'. Y empezó el banquete. El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Este le contestó: ‘Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo'. El hermano mayor se enojó y no quería entrar. Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo'.El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado' ".

 

Reflexión

Cualquier persona que se acercara por primera vez al magnífico texto bíblico del hijo pródigo, sin situarlo en el contexto propio del que nace (la crítica a los fariseos), podría decir, y con toda la razón, que aunque muestra a un excelente padre con una gran dosis de perdón y generosidad, también nos habla de un comportamiento  insólito y hasta con una pizca de injusticia frente a su hijo mayor. Una sensación parecida deja también la parábola de los trabajadores de la viña, en la que los que trabajaron de sol a sol reciben el mismo salario que aquéllos que apenas se esforzaron en las dos horas más livianas del día.

Desde nuestra mentalidad moderna también podríamos afirmar que perdonar al hijo menor sin más, quizá no sea lo mejor para él. Tiene que reparar aquello que ha derrochado y tiene que pedir perdón por las ofensas causadas. De otro modo el hijo reproduciría su comportamiento y flaco favor haríamos a un hijo nuestro si después de comportarse así nosotros actuáramos como el padre lo hizo.

Muchos interrogantes ante un Dios que tantas veces se muestra desconcertante para el creyente. Es evidente que la actitud del Padre es admirable, poco tenemos que añadir a su postura. Pero, ¿qué pasa con el mayor? El hermano mayor es bueno, los fariseos también lo eran: cumplían con lo que la Torá prescribía y, además, animaban a otros a que cumplieran con la ley de Moisés. ¿Es posible que a veces nos olvidemos de los "buenos"?, ¿es posible que los que hacen las cosas bien, por eso de no hacer ruido, queden en la sombra, sin el reconocimiento que merecen? Todos los educadores, ya sean padres o maestros, pueden identificar esta situación como cotidiana: los buenos no hacen ruido, a los buenos no se les ve, los que con su esfuerzo hacen las cosas bien no son, en tantas ocasiones, tenidos en cuenta...los "malos", tantas veces, usurpan el tiempo y la dedicación que han de ser repartidos para todos.

Quizá una mala gestión del reconocimiento pueda volver al bueno malo, porque el hijo mayor era bueno hasta el momento en el que no se siente visto por el Padre. Que nos perdone Dios, pues seguro que malinterpretamos, como tantas veces, pero al hijo mayor le hubiera bastado con una palmadita en la espalda de vez en cuando. Probablemente, así no se habría vuelto tan malo y hubiese sacado toda la misericordia que con seguridad también llevaba dentro.


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