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Mensaje de la Semana
EL JOVEN Y LA CRUZ

Un joven sentía que no podía más con sus problemas, y desesperado clamó a dios, diciendo: “Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada y ya no puedo más con ella”. El Señor le contestó: “hijo mío, si no puedes con el peso de tu cruz, déjala dentro de esa habitación. Después, abre esa puerta, observa todas las cruces que hay, y elige la que mejor te acomode”.

El joven experimentó un gran alivio y se dispuso a ver y medirse cada una de las cruces que encontraba; las había de diferentes tamaños y materiales, algunas eran tan grandes que no les podía abarcar fácilmente.

Habiendo dado vueltas revisando y probándose las cruces, de pronto vio una más pequeña, apoyada en un extremo de la pared; se acercó y se la probó, descubriendo que ésa sí le acomodaba mejor, que su material era mucho más manejable y su peso más ligero que las otras, por lo que de inmediato susurró: “Señor, quisiera esta cruz”. A lo que el Señor le respondió: “hijo mío, tómala, es tuya; sólo quiero que sepas que esa es la cruz que acabas de dejar tú mismo”.

“No pidas una carga ligera, pide unas espaldas fuertes” (T. Roosevelt)