Evangelio del díaMensaje de la semanaJuventud católicacatequesisMúsica y VideosTienda LiturgicaSanto del día
Sección de la Juventud Catolica
Los choques en casa ¿Por qué se pelean?

Yo sé que te duele. No entiendes por  qué unas personas adultas –tus papás- con frecuencia o muchas veces andan peleándose. Hasta piensas que eso quiere decir que no son “adultos”, que son como chiquillos, como adolescentes que no se sienten bien sino atacando a los otros. Y te da rabia. Y te sientes impotente. Y no sabes que hacer. Y en más de una ocasión te has “encerrado” en tu habitación y has llorado de pena, de impotencia, y te has sentido como basura al vivir en una casa sin amor, en una familia donde los papás no se quieren. ¿Qué pasa aquí?

Sé que te duele tu familia desintegrada, si lo está. O la de tus amigos. Y no tienes que pensar que, como es así, pues a aguantar. Te enoja ver que las personas que tu más quieres, no saben relacionarse bien. Que no viven en comunión, en armonía. Te duele ver que el machismo de tu padre, tal vez, se quiere imponer a tu madre. Como si fuera un objeto, o como persona de segunda categoría. Y ella es “persona” igual a tu padre, con los mismos derechos y deberes. Te da pena ver  que el apoyo fundamental de tu vida, no existe, que tu vida de hijo/a  está apoyada en la arena y no en roca. Te preguntas: ¿para eso se casaron, para vivir en un infierno de odio, de golpes, de malos tratos, de indiferencias, de separación?

Yo te digo que no te quedes impasible. Que tomes partido por el más débil. Yo digo que defiendas la unidad entre tus padres, la armonía de los dos porque si se separan tú serás como pájaro a quien le han quitado una de las dos alas. Y el pajarillo vuela con las dos alas sanas. Tu vida es para volar y subir a la altura. Tu vida es para seguir  creciendo y hacer de ella un bello proyecto.  Pero tienes que preguntar  ¿por qué se pelean papá y mamá? ¿Será la vida en pareja  así? Y tienes que buscar las razones, los motivos de esa falta de entendimiento. Te quiero ayudar.

A lo mejor es que no se conocieron antes de casarse, y pasaron su noviazgo a base de “pasar bien”. Y como no se conocen no saben tratarse, no saben respetarse. A lo mejor no han madurado en su vida afectiva. Y no tienen capacidad de dar amor y recibir amor. A lo mejor, en sus vidas, hay un gran egoísmo, individualismo, y son incapaces  de ser los dos uno solo. A lo mejor son unos “narcisistas”, cada uno enamorados de sí mismos y sin capacidad de renunciarse para hacer feliz al otro. A lo mejor  uno de ellos tiene mal carácter, tiene mucho orgullo o soberbia, y así es imposible amar. Para amar hay que ser humildes de corazón. A lo mejor les falta valores morales y religiosos, les falta vida espiritual, y Dios no cuenta en su vida. Y Dios es la fuente del amor. ¿Aún más?

Claro que sí. Pueden tener problemas económicos. Pueden creer que el amor funciona con el dinero y el placer y no es así.  A lo mejor no se han dado cuenta que el fruto de el amor entre ellos eres tú. Y de tanto mirarse el uno al otro están cansados.  Y deberían poner los ojos -los dos- en sus hijos. Cuando los papás se pelean normalmente, su corazón no anda bien. ¿Y si uno de ellos tiene un amante? Entonces el corazón está dividido. ¿Y si uno de ellos busca el alcohol? Se está destruyendo y destruye  al otro. Habrá más razones. Pero, amigo/a, el amor que no es fiel no es amor. El amor debe comprender al otro y respetarlo. Amar es enriquecer al otro.

Y ahora me preguntas: ¿Qué puedo hacer yo para que terminen esas peleas? Pues sencillamente, “ora” por ellos. Grítale a Jesús ese dolor que tienes en el corazón y pídele compasión, que padezca contigo; pídele misericordia, que les ayude a resolver los problemas. No se trata de orar un día, sino cada día. Verás cómo Jesús te ayuda. Verás cómo las cosas se van arreglando. Pues Dios, que es Padre, escucha con mucho cariño la oración de un hijo/a que sufre a causa del desamor de sus padres. Junto con la oración te digo que no aumentes tú sus problemas. Porque a veces, los padres, se pelean a causa de los hijos. Porque uno defiende el hijo/a y el otro le ataca. No están de acuerdo en cómo educarles. Intenta “dialogar” con ellos. Intenta ser cariñoso con los dos. El calor deshace, derrite el hielo.

¿Y si eres hijo/a de una familia separada? ¿Y si eres hijo/a de madre soltera? Entonces te diría que hagas unidad con papá o mamá, con quien vivas. Y que perdones aunque te duela, al que los abandonó. Sino tendrás un infierno en tu corazón. Me gustaría que tus papás no se peleasen. Me gustaría que te sintieses bien en tu casa. Sé tú alguien que lleve alegría, gozo, paz a su hogar. Sé tú constructor de bien y no forjador de mal.

Vamos amigo/a, siempre adelante. Que no sea este el problema número uno de tus años de adolescente. Y si lo es, no te dejes llevar por el desánimo. Vence el mal con el bien. Y cuenta con Jesús. Él también tuvo unos papás maravillosos. No se pelearon nunca. Porque en sus corazones estaba Dios-Amor, fuente de amor. Tienes una tarea hermosa en tu casa: luchar por la reconciliación de tus papás. Y si están unidos, defender, como “un ángel de la guarda”, ese amor entre los dos.