

Viernes 29 Junio
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".
Jesús es el Mesías, es de esta forma como Pedro responde a la pregunta de Jesús ¿Y ustedes quién dicen que soy yo? Hoy es la misma pregunta que Jesús nos hace. Al responder ¿Puedo tener esa misma respuesta de Pedro? ¿Reconocer a Jesús como Mesías? O mi respuesta será: no te conozco porque estoy adorando a otros dioses: dios dinero, placer, odio, egoísmo, vanidad, etc., dioses que al final son solo ídolos que causan muerte, ídolos que proporcionan infelicidad.
La respuesta a esta pregunta si reconozco a Jesús como Mesías y Salvador es reconocer la verdadera Vida y Felicidad, es abrazar la vida con sus triunfos y fracasos, con las alegrías y las penas, es aceptar de ese Dios único y verdadero llevar su cruz para vivir la experiencia de la resurrección a través de la fe.
Jesús echa mano del hombre en especial de Pedro, humilde pescador, en él confía la dirección de la Iglesia para llevarla hasta Dios. Todavía Dios sigue echando mano del hombre para que sea constructor del reino e instrumento de sus manos.
Dios convida al ser humano para que se haga partícipe de esta obra predicando el evangelio y llevando a los hombres y mujeres a un encuentro íntimo y profundo con Dios.
En San Pablo Dios consigue también un fiel aliado luego que este fuera un perseguidor de cristianos, pero el Señor toma esta fuerza y valentía de Pablo para él encontrarse con otras comunidades de paganos y gentiles que no creen en Dios.
Pablo con su testimonio de vida les va mostrar ese rostro de misericordia y de amor de Dios, les mostrará lo que Dios ha hecho en su vida para que al verlo ahora ellos crean.
Hoy estamos llamados a ser pescadores de hombres en nuestra Iglesia para que muchos hombres y mujeres se salven, pero recordando que debemos ser testimonio de Dios, mostrar quien era y lo que Dios ha hecho en mí.
