

Martes 10 Julio
En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba endemoniado.
El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: "Jamás se vio nada igual en Israel".
Pero los fariseos decían: "El expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios".
Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."
Jesús expulsa a los demonios, a los ciegos hace ver, al mudo hablar y al paralítico caminar, porque tiene compasión del pobre y del afligido.
Pero Jesús sabe que la mayor liberación está en escuchar su Palabra y en la vivencia de esta.
Es tanta la compasión que Jesús va a tener que les recomienda a los discípulos orar al dueño de esta gran viña a Dios, para que él suscite nuevas y Santas vocaciones que estén dispuestas a servir a Dios en su iglesia y especialmente en los más pobres.
¿Oras al dueño de la mies pidiendo nuevas y Santas vocaciones, a la vida sacerdotal y religiosa?
